Conocer el territorio también es una forma de cuidarlo. Así lo demuestra una experiencia de investigación desarrollada por el Grupo de Investigación INDDES de la IU Digital de Antioquia, liderada por los docentes investigadores Elizabeth Chaparro Cañola y Ricardo Gutiérrez Garcés, de la Facultad de Ciencias y Humanidades, junto con el Grupo de Estudio Aburraes y estudiantes del programa de Trabajo Social.
La profesora Elizabeth Chaparro, vinculada a procesos de formación en la Tecnología en Gestión Catastral y Agrimensura, y el profesor Ricardo Gutiérrez hacen parte de este ejercicio que busca acercar la investigación a las necesidades reales del territorio. La investigación partió de una pregunta sencilla pero importante: ¿cómo podemos conocer mejor los lugares donde existen riesgos para tomar mejores decisiones y proteger a las comunidades?
Para responderla, el equipo utilizó herramientas digitales y de cartografía abierta para identificar zonas vulnerables frente a inundaciones, avenidas torrenciales y movimientos en masa, especialmente en la cuenca de la quebrada La Presidenta y sus alrededores.
El proyecto también involucró a estudiantes de tercer semestre de Trabajo Social, quienes, desde la asignatura Sistemas de Información Geográfica, Territorio y Conflicto, aprendieron a utilizar herramientas de información geográfica y, al mismo tiempo, reflexionaron sobre cómo los mapas pueden ayudar a comprender las realidades de un territorio y aportar a su transformación.
Mapear el territorio para comprender y prevenir riesgos
El trabajo caracterizó más de 850 edificaciones, identificó 12,5 kilómetros de vías y senderos, ubicó 42 puntos críticos de riesgo y reconoció elementos de la red hídrica y lugares de interés para la comunidad. Toda esta información fue organizada en un mapa interactivo de acceso abierto.
Esta investigación plantea una idea fundamental: cuando una comunidad conoce su territorio y sus riesgos, cuenta con más herramientas para participar en las decisiones que afectan su entorno.
Este proyecto refleja cómo la investigación puede conectarse con las necesidades reales de los territorios y cómo la tecnología, cuando se pone al servicio de las personas, puede convertirse en una herramienta para generar conocimiento, prevenir riesgos y contribuir al bienestar de las comunidades.

